llorar a Alexander.
Ni siquiera cuando murió su padre durante nuestro matrimonio. En el funeral permaneció recto, impecable, recibiendo condolencias como si presidiera una junta.
Ahora, frente a una pared de fotos, parecía a punto de quebrarse.
—¿Por qué le pusiste Noah?
No esperaba esa pregunta.
Miré la foto de mi hijo recién nacido.
—Porque significa descanso. Paz.
La boca de Alexander tembló apenas.
—¿Y la tuvo?
—No siempre.
No mentí.
—Pero tuvo amor.
Él asintió.
—Gracias.
La palabra cayó extraña entre nosotros.
—No lo hice por ti.
—Lo sé.