tampoco quise hacerlo demasiado rápido.
—Alexander Shaw es tu padre biológico.
El chocolate tembló dentro de la taza.
—¿Mi papá?
La palabra sonó extraña en su boca.
Como un idioma que había aprendido tarde.
—Sí.
Sus ojos se llenaron de preguntas.
—¿Él sabía de mí?
Ahí estaba.
La pregunta que ningún adulto podía responder sin romper algo.
—No.
Noah me miró fijamente.
—¿Por qué?
—Porque nos divorciamos cuando yo estaba embarazada y decidí no decírselo.
Sus cejas se juntaron.
—¿Por qué?
El segundo por qué fue más difícil que el