honesta.
La más peligrosa.
—Quiero que tengas derecho a decidir cuando estés preparado. No tienes que quererlo. No tienes que rechazarlo. No tienes que proteger mis sentimientos. Yo soy tu mamá y estaré contigo pase lo que pase.
Noah dejó la taza en la mesa.
Luego se acercó y apoyó la cabeza en mi hombro.
No me abrazó fuerte.
Solo se apoyó.
Como cuando era pequeño y tenía fiebre.
—Estoy enojado —susurró.
—Tienes derecho.
—No sé con quién.
Se me quebró algo dentro.
Lo abracé.
—También tienes derecho a no