eso era una crueldad innecesaria.
—Eso no lo sabemos —dije.
Noah asintió muy despacio.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos, pero no cayeron.
Él era así.
Demasiado parecido a mí en las formas equivocadas.
—¿Me mentiste?
La pregunta me atravesó.
—Sí.
La taza quedó inmóvil entre sus manos.
—Te oculté una parte importante de tu historia. Lo hice pensando que te protegía, pero entiendo si te duele.
—Me duele.
Cerré los ojos un instante.
—Lo sé.
—¿Él quiere conocerme?
—Sí.
—¿Tú quieres que lo conozca?
Esa era la pregunta más