pasado.
Le envié un mensaje a Clara, Clara a sus abogados, sus abogados a él. Absurdo, sí. Pero necesario.
Alexander llegó veinte minutos antes.
Se quedó al fondo del salón.
No interrumpió.
No saludó a profesores con grandilocuencia.
No convirtió el evento en una donación.
Solo observó a Noah explicar su robot a los jueces con una concentración que me recordó a mí editando fotos de madrugada y a Alexander leyendo informes financieros.
Cuando Noah ganó el primer premio, buscó mi mirada primero.
Después, casi sin querer, buscó la de