bueno con los números —dijo Noah.
Alexander me miró, sorprendido.
—¿Tu mamá dijo eso?
—Dijo que eres un tiburón financiero.
—Eso no suena exactamente a elogio.
Noah lamió su helado.
—Depende del tiburón.
Alexander soltó una risa baja.
Yo miré por la ventana.
No quería sentir ternura.
No por él.
No por esa escena tardía.
Pero la vida no siempre respeta las fronteras que una construye para sobrevivir.
Aun así, ternura no era perdón.
Y perdón no era regreso.
Alexander lo entendió una tarde, casi un año después de la