dos cometieron errores.
Alexander bajó la mirada.
Yo respiré despacio.
—Pero también sé que mamá me crió con todo. Y que Alex llegó tarde, pero no volvió a irse.
Sus ojos brillaron.
—No quiero pasar la vida pensando en lo que faltó. Quiero usar lo que sí tengo.
No pude evitar llorar.
Noah se levantó a abrazarme.
—Mamá, no llores.
—No estoy llorando.
—Estás llorando muchísimo.
Alexander nos miraba desde su silla.
Había una tristeza serena en su rostro.
No la tristeza que exige consuelo.
La que acepta su lugar.