fregona y esbozó una sonrisa.
—No estaba esperando una venganza. Solo sabía que las personas que se creen intocables siempre acaban equivocándose. Tarde o temprano.
Después continuó limpiando el suelo, como cualquier otra tarde.
Y por primera vez desde su llegada, en aquel pasillo ya no se escuchaban las amenazas de Martha y Kelly.