figura importante dentro de la prisión.
Simplemente volvió a su rutina.
Aquella tarde estaba otra vez fregando el mismo pasillo donde la habían humillado.
Sin embargo, algo había cambiado.
Las mujeres que antes la miraban como una recién llegada indefensa ahora la observaban con un respeto que nunca había solicitado.
Cuando pasó frente a la celda de la anciana a la que había ayudado en el comedor, esta se acercó discretamente.
—Sabías que terminarían cometiendo un error, ¿verdad? Por eso esperaste sin enfrentarte a ellas.
Lauren dejó de mover la