embargo, pocos minutos después, la muchacha hizo algo tan inesperado que las dos mujeres sintieron verdadero miedo por primera vez en muchos años.
Lauren solo llevaba diez días en aquella prisión.
Desde su ingreso, había procurado pasar inadvertida. Apenas hablaba con las demás internas, evitaba cualquier discusión y cumplía sus tareas sin protestar. Se levantaba a la misma hora que todas, ayudaba en la cocina durante el día y, por las tardes, limpiaba el corredor donde estaban las celdas.
Su carácter tranquilo hizo que muchas compañeras la consideraran una persona