Dos presas que aterrorizaban a toda la prisión le arrojaron un cubo de agua sucia a una joven recién llegada. Se burlaron de ella, convencidas de que no se atrevería a responder. Pero pocos minutos después, la muchacha hizo algo que las dejó paralizadas de miedokara.

débil, incapaz de enfrentarse a nadie.

Martha y Kelly también llegaron a esa conclusión.

Ambas llevaban años en el centro y prácticamente todo el módulo les tenía miedo. Habían convertido la intimidación en su forma de imponer autoridad. Elegían a las reclusas más vulnerables, les quitaban la comida, las obligaban a lavarles la ropa y sometían a las nuevas a toda clase de humillaciones.

Los funcionarios estaban al corriente de sus abusos, pero demostrar lo que sucedía resultaba complicado. Ninguna de las víctimas se atrevía a presentar una denuncia ni