Otra parte debía reservarse para crear un pequeño fondo de ayuda para estudiantes que, como yo, tuvieran dificultades económicas.
El resto podía utilizarlo como quisiera.
Entonces entendí algo.
Carmen no había querido comprar mi lealtad.
Había querido darme una oportunidad.
Una oportunidad que ella sabía que probablemente yo nunca habría podido conseguir por mis propios medios.
Semanas después, regresé a la casa.
Entré en la cocina.
Todo estaba exactamente como lo había dejado.
La vieja radio.
Las fotografías.
La pequeña mesa.
Y la silla donde Carmen solía sentarse mientras yo