enferma. No sabíamos que estaba tan mal.
—Ella intentó comunicarse con ustedes varias veces —respondió el abogado.
Nadie contestó.
Entonces el abogado sacó otro documento.
—Hay algo más.
Lo colocó sobre la mesa.
—Carmen también dejó dinero destinado específicamente a Diego.
Mi corazón volvió a acelerarse.
—No puedo aceptarlo.
El abogado me miró.
—Todavía no sabes cuánto es.
—No importa.
—Son 480.000 pesos.
Me quedé sin palabras.
Pero Carmen había dejado una última condición.
El dinero no era simplemente para mí.
Debía utilizar una parte para terminar mis estudios.