Un estudiante universitario sin recursos limpió la casa de una anciana durante meses sin cobrar nunca… Tras su muerte, abrió una carta y descubrió por qué ella había confiado en él

No era mi abuela.

No teníamos ningún vínculo de sangre.

Y, sin embargo, sentí como si acabara de perder a alguien de mi familia.


El funeral fue pequeño.

Algunos vecinos.

Un antiguo conocido.

Una mujer que dijo haber trabajado con Carmen muchos años atrás.

Y yo.

Sus hijos no llegaron hasta después.

Vivían en otra ciudad y, según me explicaron, tenían problemas para viajar.

Cuando terminó el funeral, pensé que nunca volvería a entrar en aquella casa.

Pero entonces apareció un abogado.

Se presentó como el señor Ramírez.

—¿Diego?

—Sí.