a los esclavos más problemáticos o inútiles para que murieran lentamente en la oscuridad absoluta, respirando polvo de roca que convertía los pulmones en piedra.
El promedio de supervivencia era de 6 meses para los hombres más fuertes, menos para los débiles. Los cuerpos eran simplemente dejados donde caían, sellados en las profundidades de la tierra como ofrendas a algún dios oscuro de la codicia. Shitel estaba sentada sobre un petate raído cuando Alejandro fue arrojado a sus pies, trenzando fibras de maguei con sus manos callosas para crear una