pero no pudo ocultar su repulsión por su cuerpo frágil y su naturaleza sensible. La tercera, Isabel, quien abiertamente tomó amantes mientras permanecía casada con él, solo por el apellido y la riqueza, humillándolo en cada reunión social hasta que el matrimonio fue finalmente anulado.
Le contó sobre los médicos que lo examinaban como si fuera ganado defectuoso, discutiendo sus deficiencias frente a él como si no pudiera escucharlos. Los tratamientos dolorosos y humillantes, sangrías que lo dejaban tan débil que apenas podía levantarse de la cama. Tónicos viles que