botella de vino, estaban dispuestas en círculos concéntricos alrededor de donde Shitle debía pararse.
Su luz vacilante creaba sombras monstruosas que bailaban en las paredes como demonios observando. El aire estaba espeso con el olor de incienso extraño, no el incienso dulce de las iglesias, sino algo más acre, casi nauseabundo. Símbolos habían sido dibujados en el suelo con tisa blanca, cruces invertidas, pentagramas, caracteres en latín y en lenguas que nadie presente podía identificar.
Con voz sepulcral que reverberaba en el espacio alto, el padre Justiniano comenzó su ritual.