decían que Shochitl era en verdad una bruja oaxaqueña que había convocado espíritus antiguos para proteger a su hijo, dioses de su pueblo que habían cruzado continentes para responder a su llamado.
Otros susurraban que el niño en su vientre no era completamente humano, sino una abominación fruto de pactos con fuerzas sobrenaturales. Hubo quienes afirmaron haber visto sombras moviéndose en los pasillos de la mansión durante las noches siguientes. Figuras que no proyectaban reflejo y que desaparecían cuando se les miraba directamente. Algunos juraron escuchar lamentos en lenguas muertas,