El joven débil y quebrado que había sido arrojado al barracón hacía menos de un año ya no existía.
En su lugar había un hombre curtido por el sufrimiento, fortalecido por el amor inesperado y determinado a tomar control de su destino en lugar de permitir que otros lo dictaran. comenzó a involucrarse activamente en la administración de la hacienda, algo que sorprendió al varón, pero que el viejo noble permitió, tal vez viendo en ellos señales de la masculinidad que siempre había deseado en su hijo.
Alejandro aprendió los