quedó rígida.
—No lo sé.
Vincent giró lentamente hacia ella.
—Te he hecho una pregunta.
—¡Han pasado dieciocho años! ¿Cómo quieres que lo recuerde?
Pero Vincent ya no la escuchaba.
Porque acababa de comprender algo terrible.
Durante dieciocho años había criado a Ethan creyendo que era su único hijo.
Y ahora, a pocos metros, estaba otro joven que podía llevar su sangre.
Un hijo que había crecido sin él.
Cuando bajé del escenario, Noah me abrazó con fuerza.
—Mamá, ¿estás bien?
Sonreí, aunque todavía tenía las manos temblorosas.
—Estoy orgullosa