de ti, cariño.
Él me observó detenidamente.
—Parecías triste cuando hablaste de papá.
Sentí una punzada en el pecho.
Durante años le había dicho a Noah que su padre no formaba parte de nuestras vidas.
Nunca le conté todos los detalles.
No quería que creciera odiando a un hombre al que jamás había conocido.
—Solo estaba recordando algunas cosas —respondí.
Noah acarició mi mano.
—No tienes que estar triste hoy. Todo esto también es tuyo.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Eres lo mejor que me ha pasado.
Entonces escuché una