porque Diego hubiera perdido todo su dinero; seguía teniendo un buen empleo.
Pero había descubierto que le había contado una historia completamente distinta sobre mí.
—Me dijiste que tu exesposa dependía de ti —le reclamó.
—Yo creía que era así.
—Ese es exactamente el problema. Nunca te molestaste en conocer a la mujer con la que estabas casado.
Fernanda terminó la relación pocas semanas después.
Teresa, en cambio, comenzó a insistir.
—Ve a buscar a Mariana. Pídele perdón. Ustedes estuvieron casados tres años. Tal vez todavía te quiera.
Por primera