vez Diego miró a su madre con incomodidad.
—Cuando pensabas que ganaba dieciocho mil pesos, tú misma querías echarla de la casa.
Teresa guardó silencio.
—Ahora que sabes quién es, quieres que regrese.
—Yo solo quiero lo mejor para ti.
—No. Querías una nuera con dinero. Yo fui igual que tú.
Aquella conversación fue una de las primeras veces que Diego reconoció que su problema no había comenzado con el ascenso.
El puesto simplemente le dio permiso para mostrar lo que llevaba dentro.
Días después buscó a Laura.
Le pidió