el día en que confundió autoridad con superioridad.
Con el tiempo, aceptó una posición menor dentro de la compañía.
Para sorpresa de muchos, no renunció.
Tomó cursos de liderazgo, dejó de hablar de su antiguo cargo y empezó desde una responsabilidad donde debía demostrar nuevamente lo que sabía hacer.
Arturo me comentó una mañana:
—Ha cambiado bastante.
—Me alegra.
—¿No siente curiosidad por verlo?
Negué con la cabeza.
—No necesito verlo para desear que le vaya bien.
Meses después coincidimos en un foro empresarial en Ciudad de México.
Yo había