participado en una mesa sobre cultura laboral. Al terminar, mientras caminaba hacia la salida, escuché mi nombre.
—Mariana.
Me detuve.
Diego estaba unos metros atrás.
Vestía un traje sencillo. Ya no llevaba aquel reloj enorme que solía colocar sobre la mesa para que todos lo vieran.
—¿Tienes un minuto?
Miré a mi equipo.
—Un minuto.
Se acercó, pero mantuvo distancia.
—Quería darte las gracias.
—¿Por qué?
—Por no destruirme cuando pudiste hacerlo.
—Nunca fue mi intención.
—Lo sé. Por eso es peor.
Sonrió con tristeza.
—Cuando me retiraron la subdirección