Mi marido me llevó a una casa abandonada y me pidió que pasara un mes sin comunicarme con nadie. “Así sabré cuánto me amas”, dijo antes de marcharse. En lugar de esperarlo llorando, fui al río y descubrí un costal que se movía. Un niño me ayudó a entender lo que estaba pasando, pero lo peor llegó cuando supe qué habían hecho con mi firma electrónica.

ahí cuando tiene que hablar con los de Protección Civil.

Le pedí que me acompañara.

Tomás nos prestó su teléfono y marqué a mi padre.

Contestó mi madre.

—¡Mariana! ¿Dónde estás, hija?

—Estoy en la sierra. ¿Por qué hablas así?

Escuché un sollozo.

—Tu papá está hospitalizado. Tuvo un problema cardíaco y mañana lo van a operar.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Por qué nadie me avisó?

—Sergio dijo que necesitabas descansar. Nos aseguró que él estaba atendiendo todo en la empresa.

Me quedé helada.

Le pedí