conseguir las claves de seguridad, apartarme de la empresa y aprovechar la hospitalización de mi padre.
Tomás escuchó lo indispensable y se ofreció a llevarme hasta la carretera.
Sin embargo, cuando llegamos al camino principal, encontramos una barrera.
Las lluvias habían destruido el puente.
—La combi no pasará por varios días —explicó—. Tu esposo debió salir por una ruta de terracería que da una vuelta enorme.
Me cubrí el rostro.
—Tengo que llegar a Puebla antes del lunes.
Tomás permaneció pensativo.
—Hay otra manera. Tengo una lancha de motor. Podemos