Mi marido me llevó a una casa abandonada y me pidió que pasara un mes sin comunicarme con nadie. “Así sabré cuánto me amas”, dijo antes de marcharse. En lugar de esperarlo llorando, fui al río y descubrí un costal que se movía. Un niño me ayudó a entender lo que estaba pasando, pero lo peor llegó cuando supe qué habían hecho con mi firma electrónica.

contrato?

—Paola Montes.

Ya no me sorprendió.

—¿Y cómo piensan realizar la operación sin mi autorización?

Gabriela guardó silencio unos segundos.

—Ese es el problema, licenciada. Alguien presentó una solicitud digital para modificar los autorizados de la cuenta empresarial. Aparece su firma electrónica y todo está pendiente de una última validación.

—Yo no autoricé nada.

—La confirmación se envía a su celular. Y el banco programó el movimiento para el lunes.

Sergio tenía mi teléfono.

Comprendí entonces que aquel supuesto retiro romántico había sido una trampa.

Me había aislado para