las verificaciones de identidad.
—Por eso la operación seguía pendiente de revisión —explicó—. Su llegada fue fundamental.
Solicité copias de los registros y presenté formalmente el desconocimiento de las operaciones.
También pedí que cualquier movimiento extraordinario requiriera, desde ese momento, una comprobación presencial.
Al salir del banco, mis manos todavía temblaban.
Pero no podía detenerme.
Fui directamente a la empresa.
Gabriela casi lloró cuando me vio entrar.
—Licenciada, pensé que no iba a alcanzar a llegar.
—Necesito todos los contratos que prepararon Sergio y Paola. Sin excepción.
Nos encerramos en