mi oficina.
Dos horas después comprendimos el verdadero tamaño del fraude.
La empresa que pretendía comprar nuestra bodega se llamaba Inmobiliaria del Norte. Su representante era Adrián Montes, hermano de Paola.
El inmueble valía aproximadamente 43 millones de pesos, pero habían preparado una operación por catorce millones.
Su intención era revenderlo inmediatamente a un comprador que ya tenían localizado.
Sin embargo, eso no era todo.
También habían presentado facturas falsas por doce millones de pesos, supuestamente destinadas a la adquisición de tractocamiones.
El proveedor era otra sociedad vinculada con Adrián.