de pesos.
Además, había pedido préstamos personales para intentar recuperar lo perdido.
Paola descubrió sus problemas y le propuso el fraude.
Si conseguían vender la bodega y sacar los doce millones de las cuentas, Sergio recibiría una parte suficiente para cubrir sus deudas.
El resto sería para ella y su hermano.
—Pensé que después podría arreglarlo todo —murmuró.
Lo miré sin reconocerlo.
—¿Y yo qué era para ti? ¿Un obstáculo que tenías que esconder entre los cerros?
—Te amo, Mariana.
—No. Amar a alguien no es quitarle el teléfono mientras