El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería… y una empleada lo hizo arrepentirse de su mentira “En esta tienda no atendemos a gente que parece venir saliendo del Metro”, soltó Fernanda, sin bajar la voz.

Este dilema marcó el inicio de una serie de cambios profundos en las políticas de contratación y capacitación de todo el grupo empresarial.
El ambiente hostil en la relojería de lujo
Las burlas de las compañeras

El día a día en la tienda se había convertido en un desafío psicológico constante para Lucía debido al constante acoso y a las burlas sutiles por parte de Fernanda y sus aliadas. La presión social dentro del equipo de trabajo buscaba doblegar el espíritu de la joven, exigiéndole adoptar actitudes deshonestas y snobs.