ingresaron para vigilancia y tratamiento.
El equipo explicó que, tratándose de un embarazo de trillizos, existía un riesgo elevado de nacimiento prematuro y que debíamos prepararnos para diferentes escenarios.
Sebastián permaneció a mi lado.
Canceló sus viajes, delegó sus reuniones y convirtió una pequeña silla junto a mi cama en su lugar habitual.
Una noche desperté y lo encontré observando las imágenes de la ecografía.
Tenía los ojos rojos.
—¿Estás llorando? —pregunté.
Intentó sonreír.
—Solo estaba pensando.
—¿En qué?
Se acercó y apoyó la frente contra mi mano.
—En que