Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

ingresaron para vigilancia y tratamiento.

El equipo explicó que, tratándose de un embarazo de trillizos, existía un riesgo elevado de nacimiento prematuro y que debíamos prepararnos para diferentes escenarios.

Sebastián permaneció a mi lado.

Canceló sus viajes, delegó sus reuniones y convirtió una pequeña silla junto a mi cama en su lugar habitual.

Una noche desperté y lo encontré observando las imágenes de la ecografía.

Tenía los ojos rojos.

—¿Estás llorando? —pregunté.

Intentó sonreír.

—Solo estaba pensando.

—¿En qué?

Se acercó y apoyó la frente contra mi mano.

—En que