las treinta y tres semanas, los médicos decidieron que el parto debía realizarse por cesárea debido a las condiciones clínicas.
Nunca olvidaré aquella mañana.
Las luces del quirófano.
Las voces tranquilas del personal.
La mano de Sebastián aferrada a la mía.
Y después…
Un llanto.
Luego otro.
Y finalmente un tercero, un poco más débil, pero igualmente precioso.
Tres bebés.
Dos niñas y un niño.
Los llamamos Emma, Olivia y Lucas.
Por su prematuridad, necesitaron atención en la unidad neonatal.
No pude tenerlos a todos en brazos inmediatamente.
Pero cuando