dejó escapar una respiración amarga.
—Eso no es una explicación, mamá. Es una confesión de cobardía.
Victoria comenzó a llorar.
—Sé que cometí errores.
Mi esposo negó con la cabeza.
—No fueron simples errores. Nos quitaste la posibilidad de tomar decisiones con información verdadera.
Ella extendió una mano hacia él.
—Sebastián, soy tu madre.
Él la miró durante mucho tiempo.
—Y yo soy tu hijo. No una propiedad que puedas administrar.
Victoria bajó la mano.
Yo pensé en nuestros tres bebés, todavía pequeños y frágiles.
Pensé en cómo querría tratarlos