Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

pasó casi toda la tarde sentado en el césped, dejando que Lucas le arrancara suavemente los lentes mientras Emma y Olivia intentaban ponerse de pie apoyándose en sus rodillas.

Sebastián estaba junto a la parrilla.

Llevaba un delantal ridículo que decía: Papá de tres. Necesito café.

Cuando me vio observándolo, levantó la mano y sonrió.

Me acerqué.

—¿En qué piensas? —le pregunté.

Miró hacia nuestros hijos.

Lucas reía a carcajadas.

Olivia intentaba quitarle un juguete a Emma.

Los tres tenían manchas de pastel en la ropa.

—En lo mucho que