Me casé con un millonario que jamás podría tener hijos… Tres meses después, el médico me dijo que esperaba trillizos y mi esposo apareció en el hospital

carcajada.

—Nuestra vida es un desastre.

Me eché a reír.

—Un desastre maravilloso.

Esa noche, después de acostar a los niños, encontré algo sobre mi almohada.

Era un pequeño marco de madera.

Dentro estaba la primera ecografía.

Aquella imagen que meses atrás me había provocado tanto terror.

Los tres pequeños círculos oscuros seguían allí.

Debajo, Sebastián había escrito:

«El día que nuestra vida cambió para siempre».

Lo encontré esperando en la puerta de la habitación.

—¿Te gusta?

Apreté el marco contra mi pecho.

—Muchísimo.

Me abrazó por detrás.

—¿Sabes qué