Mis 3 hijos me dijeron: ‘Mamá, deja de llamarnos. Tenemos nuestras propias vidas’. Así que dejé de buscarlos y llamé a mi abogado. Tres meses después

estamos muy ocupados.”

Yo cerré los ojos.

Tres semanas antes había pasado una noche en un hospital de Guadalajara por un dolor fuerte en el pecho.

Mi esposo Ricardo había muerto de un infarto a los 59 años, así que cuando sentí aquella presión mientras estaba sola en mi habitación, pensé que quizá estaba viviendo exactamente lo mismo que lo había matado a él.

Llamé al 911.

En urgencias llamé primero a Daniela.

Buzón de voz.

Dos horas después recibí un mensaje:

“Qué bueno que estás bien, ma. Día terrible