“Supongo que yo también hice cuentas que no me correspondían.”
Fue la primera frase sincera que le escuché aquella mañana.
Guardé nuevamente los documentos.
“No quiero comprar su cariño con una herencia.”
Miguel me miró.
“¿Y qué quieres?”
“Que si vienen a verme, sea porque quieren verme.”
Lucía respiró profundamente.
“¿Todavía podemos arreglarlo?”
Miré las 3 caras que alguna vez había limpiado después de llorar, alimentado durante fiebres y esperado despierta hasta escuchar la llave en la puerta.
“Podemos empezar.”
Eso era todo lo que podía prometer.
No hubo abrazos