las cosas.”
Su voz se quebró ligeramente.
“Siempre pensé que el próximo fin de semana estaría menos ocupado.”
No lo absolví.
Pero le creí.
Lucía empezó a llorar.
“Yo sí pensé que vender la casa podía ayudarte.”
“¿Ayudarme a mí?”
No respondió.
Después de unos segundos dijo:
“También pensé que sería más fácil para todos.”
Ahí estaba.
No una conspiración.
No un plan secreto.
Algo quizá más doloroso.
Habían empezado a organizar mi futuro como si yo ya no tuviera derecho a participar en él.
Daniela se frotó las manos.