Mis 3 hijos me dijeron: ‘Mamá, deja de llamarnos. Tenemos nuestras propias vidas’. Así que dejé de buscarlos y llamé a mi abogado. Tres meses después

las cosas.”

Su voz se quebró ligeramente.

“Siempre pensé que el próximo fin de semana estaría menos ocupado.”

No lo absolví.

Pero le creí.

Lucía empezó a llorar.

“Yo sí pensé que vender la casa podía ayudarte.”

“¿Ayudarme a mí?”

No respondió.

Después de unos segundos dijo:

“También pensé que sería más fácil para todos.”

Ahí estaba.

No una conspiración.

No un plan secreto.

Algo quizá más doloroso.

Habían empezado a organizar mi futuro como si yo ya no tuviera derecho a participar en él.

Daniela se frotó las manos.