sonrió.
“Justo.”
Durante los meses siguientes las cosas mejoraron lentamente.
No de manera perfecta.
Hubo llamadas olvidadas.
Planes cancelados.
Viejos hábitos que regresaban.
Pero también hubo cambios.
Miguel empezó a llamarme algunos domingos.
Lucía vino a tomar café sin pedirme nada.
Daniela me acompañó una tarde a una exposición y pasó 3 horas conmigo sin mencionar dinero.
Yo también cambié.
Dejé de medir mi valor por cuánto podía hacer por ellos.
Viajé a Mérida con 2 mujeres de mi club de lectura.
Tomé clases de cerámica.
Organicé mi casa como