Mis 3 hijos me dijeron: ‘Mamá, deja de llamarnos. Tenemos nuestras propias vidas’. Así que dejé de buscarlos y llamé a mi abogado. Tres meses después

siguen siendo mis hijos.

Mi puerta sigue abierta.

Pero ahora tienen que tocar.

Y, sobre todo, tienen que venir porque quieren encontrarme a mí detrás de ella.

No porque estén esperando el día en que yo ya no esté.