por 4.5 millones de pesos.
De pronto comprendí que mis hijos sabían bastante sobre mis números.
Más de lo que sabían sobre mis días.
Aun así, quise darles una última oportunidad.
Por eso organicé aquella llamada.
“Solo quiero saber una cosa”, les dije. “Si vuelvo a enfermarme de verdad, ¿puedo contar con ustedes?”
Daniela suspiró.
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“Mamá, otra vez no.”
“Estuve sola en el hospital.”
“Te escribimos”, respondió Lucía.
“Tenía miedo.”
Entonces Miguel perdió la paciencia.
“Mamá, tienes dinero, tienes casa, tienes buena salud. Por