trabajo por debajo de mi preparación con tal de estar cerca de él.
Pensaba que aquello era amor.
Ahora sabía que amar a alguien no debía exigir renunciar a una misma.
Meses después, Ethan dejó definitivamente su puesto ejecutivo para dedicarse a reconstruir la empresa desde otro departamento. Supe que había comenzado a acudir a terapia y que había asumido públicamente sus errores.
Me alegré por él.
Y seguí adelante.
Porque su arrepentimiento no me obligaba a regresar.
Porque una disculpa sincera puede merecer reconocimiento sin convertirse en una segunda