de pétalos blancos. Eran extractos bancarios impresos a todo color, con sellos oficiales de auditoría y transferencias internacionales que llevaban la firma manuscrita de Julian y el membrete del prestigioso bufete donde trabajaba junto a Victoria. Los números expuestos no dejaban lugar a dudas: malversación de fondos de clientes principales, cuentas offshore en paraísos fiscales y contratos falsificados diseñados para desviar cientos de miles de dólares hacia un fondo privado de lujo. Victoria dio un paso tambaleante hacia atrás, observando los papeles con los ojos desencajados por el pánico, mientras
El peso de la mentira