se niega?
Preston respondió sin vacilar:
—Entonces asegúrate de que no pueda volver a tomar decisiones.
Reese sintió que el estómago se le encogía.
No era solo una traición matrimonial. Era una conspiración cuidadosamente planeada contra su vida y la de su hijo.
Pero la grabación continuaba.
—¿Y qué hacemos con los documentos de Altair? —preguntó Ellison.
Preston soltó una risa breve.
—Eso ya está resuelto. Tengo a alguien dentro de la familia que se encargará de abrirnos todas las puertas.
La grabación terminó.
Reese permaneció inmóvil.
Calvin dejó una