a llegar tan lejos —respondió Margaret—. Solo necesitábamos que dejaras de interferir.
—¿Y te pareció aceptable poner mi vida en peligro?
—¡No entiendes lo que estaba en juego!
—Entonces explícamelo.
Margaret perdió la paciencia.
—¡Porque Augustus iba a entregarte el control de todo! ¡Siempre fuiste su favorita! Yo pasé treinta años manteniendo los negocios familiares mientras tú recibías acciones, inversiones y oportunidades. Y cuando apareció Preston, pensé que por fin alguien podría equilibrar el poder.
Reese comprendió entonces que la ambición de su tía llevaba años alimentándose de resentimiento.
—No