un centro de jardinería.
Yo tenía dieciocho años. Se lo juré porque me lo pidió, porque estaba llorando y porque no tenía la menor idea de a qué estaba accediendo.
La razón por la que no quería contárselo a nuestros padres es lo que más le cuesta entender a la gente. Y, sin embargo, resulta muy sencilla cuando has conocido a mi padre.
Mi padre no acepta las malas noticias como tales. Para él, son problemas. Y todos los problemas tienen solución. Si un hombre no es capaz de encontrarla,