puertas de bronce se abrieron sin esfuerzo ante mi contacto, permitiéndome entrar en la calidez deslumbrante del gran vestíbulo.
Arriba, en el magnífico salón de baile, el champán fluía y Logan disfrutaba, sin duda, de su arrogante triunfo, sin sospechar en absoluto que el hacha del verdugo ya pendía justo sobre su cuello. Me detuve ante las imponentes puertas dobles que daban al salón principal, ajustándome la pesada capa de terciopelo que cubría mis hombros. Esta noche, la ilusión llega a su fin. Esta noche, el león será desollado en