revisiones frecuentes, el anciano se emocionó al verla.
—Así que este es el pequeño que decidió llegar antes de tiempo.
Mariana sonrió.
—Parece que tenía prisa por conocer el mundo.
El anciano miró al bebé con ternura.
—Es precioso.
Después tomó la mano de Mariana.
—Quiero darle las gracias por segunda vez.
—No tiene que hacerlo.
—Sí, tengo que hacerlo. Usted me salvó la vida cuando yo ya había perdido las ganas de luchar.
Mariana negó suavemente con la cabeza.
—Usted todavía tenía una vida por delante.
El anciano sonrió.